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Verla es como recibir el primer rayo de sol luego de una tormenta. Juro que he tratado de cuidarla, pero Mia no cree en mí. A diario puedo ver como él la engaña, como coquetea con sus amigas y escribe a otras chicas cada vez que ella sale de la habitación. Mia nunca ha dejado de confiar en él por completo y creo que, si lo hiciera en este punto, dejaría una cicatriz imborrable en donde estuvo su fe. Sin embargo, con cada mentira, con cada desilusión siento como su corazón se rompe y va dejando pequeños escombros acumulados en el espacio por el llanto. ¡Él no la conoce como yo! Sé sus secretos, conozco sus miedos, he escuchado cada uno de sus pensamientos. Pero Mia no me ve, ni me verá y tampoco será mía. Después de todo, solo el monstruo invisible bajo su cama…

Por: Paola Cruz